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Se inaugura mi exposición "El trémulo ascenso de las formas"


El Trémulo ascenso de las formas, exposición fotográfica de César Guerrero, se inauguró el sábado 1º de marzo de 2008, a las 19.30 hrs., en el Café "La Tregua" (Av. México-Tacuba 409, Col. Popotla, Ciudad de México).

La muestra gráfica podrá visitarse durante todo el mes de marzo y fue presentada por Esther Alvarado, Directora General del Café, Centro Cultural y Librería "La Tregua" así como por César Guerrero.

Les acompañó el guitarrista Benjamín Martínez Martínez, quien interpretó Estudio II de Leo Brouwer, La Luna de Tomás Marco y El Peregrino de Nikita Koshkin.

Texto leído por Esther Alvarado:

El trémulo ascenso de las formas es la primera exposición de fotografía que presentamos en Café La Tregua. Este hecho reviste un especial significado para nosotros porque antes y durante muchos años nos dedicamos profesionalmente a la fotografía, y el abrigar de nuevo estos muros con imágenes fotográficas es un acontecimiento profundamente emotivo.
Antes de hablar de la obra fotográfica de César Guerrero, me gustaría destacar que ésta es sólo una de las muchas formas que César utiliza para expresarse, porque él es además escritor, ensayista y poeta.
Hacer fotografía, crear imágenes, es atrapar un instante de luz, hacer del lente una prologación de la mirada, es detener el reflejo y sujetar las sombras para retratar completa la dignidad del árbol, es abrir nuestros sentidos ante la rugosa corteza que se muestra fecunda de claroscuros.
César Guerrero es un fotógrafo que se convierte en cazador de tonos y de tiempo. Expresa una realidad en blanco y negro para delinear las formas, para dibujar con luz una estructura vertiginosa, un diseño personal retomando las líneas de la arquitectura y crear desde su propio ángulo un laberinto de contrastes.
El trémulo ascenso de las formas es una evocación de una realidad que aún es tangible, un testimonio de plata que nos dice con elocuencia que la ventana y el muro aún se besan por la tarde, que ver un horizonte es todavía un acto de amor y que la fotografía como actividad estética, provoca el placer de mirar y sentir cómo un pincel de luz nos dibuja los sentidos.
Aquí la comunidad de La Tregua se reunió hace unos días con el propósito de apreciar las fotografías antes de ser incorporadas a los muros de este café y nos dilatamos en comentar en torno a las impresiones que producían. De inmediato llamó la atención el elemento de la estatura, la altura. Pero al mismo tiempo, y esto lo señaló el propio César, el propio autor, otro elemento que no necesariamente se aprecia pero que ahí está presente, por supuesto, es del de que toda estructura de altura considerable requiere profundas raíces. La concepción y la ejecución ardua del cimiento es lo que a fin de cuentas garantiza escalar alturas notables. Esto es una de las tantas impresiones que se derivan de la rápida contemplación de esta obra fotográfica.
El autor, como ya hemos señalado, también incursiona en la poesía, lee y escribe poesía, su mirada está adiestrada en la cacería de las imágenes, es un lector y eso lo convierte en un productor y descubridor de figuras que se encuentra en lo arcano de las letras o en las concavidades de la luz o en el pedestal de las sombras. Todo verdadero lector es un gran productor y urdidor de imágenes.
Una de las fotos nos muestra la efigie de un ave, acaso un halcón, acaso un águila, una estatuilla que adereza la claridad de una ventana. Más allá en la calle apreciamos el ramaje de un árbol. El impulso de la corteza hacia el firmamento parece ser un anhelo de la figura pájaro. Casi podemos escuchar el frenético trinar de los pájaros enardecidos porque los empieza a invadir la oscuridad. En otra imagen vemos la pista de aterrizaje y de despegue de aviones, su esqueleto es aire osificado. Estos artefactos en sí mismos entrañan el vuelo, la altura. Tienen un trato especial con la fuerza de los aires.
El arte de la fotografía consiste esencialmente en congelar un instante. A veces se trata de atrapar la llama de ese instante. Pero después la misma foto no se deja sujetar a sí misma. Paulatinamente la mirada le empieza a desentrañar diversos signos. La foto sigue en movimiento. A fin de cuentas, nunca nada se detiene, ni la conciencia de quien contempla la foto, ni su autor, ni la propia imagen aparentemente congelada.
Todo es movimiento, todo es luz, es crear y creer que estas fotografías son testimonio de nuestro paso por el mundo.
Esther Alvarado.

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