La letra de Time nos lo recuerda, nos lo advierte: el tiempo pasa aprisa. No lo espera a uno. Cuando vino Pink Floyd a México yo cursaba la preparatoria. Como en ese entonces no tenía dinero, me excusé pensando que ya vendrían luego, al fin que ahora todos los grupos, nuevos y viejos, incluían a nuestro país en el itinerario de sus giras, digamos, más o menos cada tres años, pensé. Y así, con esa imperdonable desidia, pasé a otra cosa. Diez años después Pink Floyd no ha vuelto y ya comienzo a dudar de que lo haga. Algo semejante me pasó con U2. A ellos sí los vi en el Palacio de los Deportes. Eran los tiempos del Zoo TV Tour (1993). No regresaron con Zooropa pero sí con el PopMart Tour. Un exceso aún mayor que la gira precedente: un arco de MacDonald's, la pantalla más grande del mundo, los U2 disfrazados como los Village People y en el antipático Foro Sol. Desdeñé ese concierto. Entonces ocurrió el desagradable incidente entre los hijos de Zedillo y los guardaespaldas del grupo. ...
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